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CRÓNICA – Jornada astronómica 2026

By 28 de agosto de 2026No Comments

Lo que vivimos el 12 de agosto no se repite a menudo. Un eclipse total de Sol no cruzaba la Península desde hacía más de un siglo. Nos parecía casi obligado hacer algo a la altura: abrir las puertas del Centro Medioambiental Nutrivida y compartir ese regalo del cielo con quien quisiera mirarlo con nosotros.

Conviene contar también la parte que no se ve, la de antes de que llegara nadie. Semanas de preparación del entorno, de organización del equipo y coordinación. Mediciones astronómicas para que el día 12 todo saliese perfecto y no dejar nada a la improvisación. Además, esa misma tarde no lo puso fácil: ultimar detalles bajo ese sol que en el momento elevaba el termómetro casi a los 40ºC, revisar las zonas, montar altavoces, y como dice nuestro amigo Fran: montar telescopios, pantallas, cámaras y metros de cable que, bajo ese calor, se convirtió en una pequeña prueba de resistencia. Nos acompañaba esa frase que repetíamos en voz baja por todo el recinto: por favor, que salga bien.

Salió bien. Después de algún que otro susto, todo quedó listo justo a tiempo.

Y entonces empezó a llegar la gente. Puntuales, a las 18:00h, abrimos las puertas y comenzamos a entregar el material; primero entraron unos cuantos y después cientos.

El aforo se completó con mil personas dentro de las instalaciones y varios miles más se quedaron en los alrededores, dispuestos a mirar al mismo cielo. Hubo quienes no corrieron tanta suerte pues las carreteras de acceso a Meco se llenaron. A quienes no pudisteis entrar os tuvimos muy presentes, y por eso intentamos dar cobertura y compartir consejos para que vivierais el eclipse igualmente, aunque no fuera desde Nutrivida. El cielo, era de todos. Lo que durante meses habían sido ideas, listas de material y pruebas de equipo se convirtió de golpe en una realidad que teníamos delante.

La música en directo empezó a sonar mientras seguía llegando gente, y con ella una anécdota que nos ha hecho especial ilusión: sonaba tan bien que más de uno pensó que habíamos puesto un hilo musical. Cuando descubrían que era un grupo tocando en vivo, la cara lo decía todo.

 

A las 19:00h arrancó la charla introductoria, con poco tiempo y mucho que contar: qué íbamos a ver, por qué ocurre un eclipse, qué notaríamos a nuestro alrededor y, sobre todo, qué pasaría cuando la Luna terminara de cubrir el Sol por completo.

A las 19:30h empezó de verdad. La Luna tocó por primera vez el borde del Sol, una mordida pequeña que fue creciendo minuto a minuto. La luz se volvió rara. El aire se enfrió. El ambiente se cargó de esa sensación difícil de explicar de que algo grande está a punto de suceder. Y llegó la cuenta atrás: diez segundos contados por miles de voces a la vez y, de repente, nada. Silencio.

 

A las 20:32, durante apenas 55 segundos, el Sol desapareció detrás de la Luna y apareció lo que casi nunca podemos ver, la corona, ese halo que normalmente queda escondido tras el brillo de nuestra estrella. Cincuenta y cinco segundos no parecen mucho escritos aquí; allí fueron eternos y, a la vez, insuficientes. Fue el momento en que un recinto lleno de gente se quedó impresionada, con la cabeza levantada, sabiendo que estaba viendo algo que probablemente no volvería a ver.

Cuando la luz regresó y la música se apagó poco a poco, empezó la otra mitad de la noche.Hubo una charla de transición para pasar del Sol a las estrellas, y a partir de ahí el cielo se fue abriendo entero: por el telescopio desfilaron planetas y otros cuerpos celestes, cada uno con su historia. Y luego llegaron las Perseidas. La observación se alargó hasta las tres de la madrugada, tumbados, mirando arriba, y cada estrella fugaz venía acompañada de su «wow» colectivo. Fue el reverso perfecto de la tensión del principio: puro relax, conversaciones en voz baja, niños que se resistían a dormirse, desconocidos que se señalaban el cielo entre ellos. La calma después del asombro. Y un orgullo que no esperábamos: lo cuidadosos que fuisteis con el entorno y los unos con los otros, algo que en un espacio como este significa mucho.

Nada de esto habría salido sin las personas que lo sostuvieron. Gracias a:
Fran, de Irydeo, que guió cada actividad y nos hizo entender lo que estábamos viendo; (por cierto, puedes leer su crónica técnica aquí)
al grupo que tocó en directo y convirtió la espera en algo memorable;
al Mirador de la Villa, bar del pueblo que retrasó sus vacaciones para gestionar la barra
y al equipo que nos acompañó, que estuvo sencillamente impecable en una jornada nada fácil.

En Nutrivida creemos en las actividades que nos acercan a la naturaleza, y esta jornada fue exactamente eso: mirar al cielo, juntos, con respeto por lo que nos rodea. Nos ha confirmado algo que ya intuíamos, y es que queremos seguir organizando encuentros así. El próximo será alrededor del mundo de la apicultura, y nos encantaría veros allí. Habrá más cielos, más noches y más eventos para volver a coincidir.

¡Muchas gracias!

Equipo Nutrivida

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